Selección Semanal 1 de Agosto – Un millón de puestos de trabajo destruidos en un trimestre. ¿Y ahora qué?

Todo, de manera inexorable, acaba llegando en la vida, y el tan temido drama económico que tanto temíamos tras la tragedia sanitaria, ha emergido ya ante nosotros en términos de desempleo, de caída en barrena de la ocupación y de cientos de miles de familias que, a la angustia que a todos nos sigue generando la amenaza cierta de contraer la enfermedad deben unir la de haberse quedado sin un solo ingreso de ninguno de sus miembros.

Las peores previsiones se han cumplido; ya son un millón los puestos de trabajo que se han destruido en España durante el segundo trimestre de este fatídico 2020, hasta llevar la tasa de desempleo al porcentaje de un 15, 33 por ciento sobre la población activa. Los datos de esta fría y cruel estadística confirman el todavía no calculado destrozo sobre sectores como el turismo, en el que cada día surge una noticia nueva más preocupante que la anterior: la cuarentena impuesta por las autoridades británicas a quienes vuelvan de España o, directamente, la prohibición de Bélgica o Noruega, a la que Francia y Alemania también se han unido, desaconsejando a sus ciudadanos viajar a algunas zonas de nuestro país, básicamente Cataluña y algunos puntos de Aragón. Frente a este tsunami de noticias escalofriantes, cualquier intento de las autoridades españoles de construir un muro de contención, un escudo social o una simple ampliación de líneas de crédito a través del ICO o de ampliación de las ayudas destinadas a PYMES y a autónomos, se antoja muy insuficiente.

Los esfuerzos del Gobierno y la terrible realidad

Los mensajes lanzados desde el Ejecutivo de Pedro Sánchez no pueden ser más claros: España es un destino seguro y de confianza. Un país que se ha preparado y que se ha reforzado para hacer frente a la crisis del Covid 19 y a sus posibles rebrotes. Nuestra península y nuestras islas son además uno de los mejores lugares del mundo para consumir ese ansiado tiempo vacacional, no solo por su patrimonio cultural y paisajístico sino también gastronómico y por la calidad humana de sus gentes. Pero poco de esto parece estar calando en una opinión pública internacional que, aterrada, prefiere elegir en el mejor de los casos otros destinos que considera “más seguros” -aunque hoy seguro no hay ninguno- o no gastarse ese dinero en previsión de la hecatombe económica que llegará a partir de septiembre.

Por si fuera poco, dentro de nuestras fronteras, las restricciones se endurecen y la desconfianza crece; Galicia exigirá el registro de los viajeros procedentes de Cataluña y Madrid anuncia cartillas sanitarias individuales. La Generalitat, por su parte, ha cerrado de nuevo hace escasas jornadas todo el ocio nocturno, principal foco de contagios y rebrotes. Mientras escribo estas líneas, España acumula ya un total de 360 brotes activos… y nada parece indicar que el temporal vaya a amainar.

“Escudo social” y gubernamental frente a dramas humanos

No solo el turismo se está viendo ya afectado. También la hostelería y los servicios en general. A pesar de la falsa imagen de normalidad que apreciamos en nuestras calles, en las que buena parte de los bares y negocios de restauración reabrieron sus puertas tras el final del Estado de Alarma, y con ellos también un buen número de comercios, de los llamados “de barrio”, todos sabemos que la mayoría, de momento, lo están haciendo “a pérdidas”. Desde luego que, para la mayoría, esta es una mejor opción que no la de mantenerse cerrados pero los ERTES puestos en marcha por el Ministerio de Trabajo de la eficaz Yolanda Díaz, han mitigado mucho el golpe. Cocineros, camareros, dependientes o monitores de gimnasios por no hablar de personal de limpieza de los más variados ámbitos o cien mil oficios equiparables que me vienen a la cabeza.

Pero… ¿qué pasará cuando esos ERTES decaigan y haya que volver a la cruda realidad de tomar una decisión? Existen distintas posibilidades, aunque todas ellas de recorrido incierto: la de echar a esos trabajadores a la calle puesto que el empresario, cuya facturación se haya hundido, tal vez no pueda seguir pagándoles o mantenerles en sus puestos, quizás con unas condiciones laborales distintas… será el momento de elegir entre lo menos bueno, lo malo, o lo peor. Y esto ocurrirá en pocas semanas, a la vuelta de estas atípicas vacaciones.

Historias para no dormir…

Las semanas más duras del confinamiento nos dejaron anécdotas tremendamente sangrantes. Como la de aquella madre que vagaba sola y llorosa desde bien temprano por las calles de una ciudad costera del levante español con una bolsa vacía y a la que unos policías pararon por ver qué le ocurría; aquella desdichada les explicó que tenía dos nenas esperándole en casa y nada en la nevera. Los agentes se apiadaron de ella y le pagaron un carro de compra repleto de comida. Recuerdo también a un padre de familia que se vio en la vergüenza de ser sorprendido robando dos potitos para niños en un hipermercado de Zaragoza. La policía, avisada por el vigilante del local, pagó su compra, su pobre compra de apenas 3 euros y le dejó marchar… o aquella otra madre que lloraba desconsolada en las escaleras de su portal y le explicaba a su vecina que no había cobrado aún los dos ERTES que le debían ( el del 10 de abril y el del 10 de mayo) y que podía pasar sin comer pero su hija no: “No quiero caridad, decía, solo lo que es mío”.

Aquellas familias cenaron, claro, al menos aquella noche. Pero son muestras sangrantemente palpables de lo que estamos pasando y de lo que se nos viene encima. Aprecio los esfuerzos que está haciendo este gobierno, lo digo con total convencimiento, pero la situación no puede ser más pesimista para el inmediato futuro.

Estoy en paro… ¿y ahora qué?

No es la primera vez que me encuentro, en mi desempeño profesional, ante gentes que lo han perdido todo; desde directivos de grandes empresas que se han quedado sin empleo y arruinados hasta empleados de niveles más bajos. A todos les digo lo mismo. De toda crisis emergen oportunidades y es primordial no dejarnos atenazar por el pánico y la angustia, que acabarán por bloquearnos. Conviene, desde el primer día, mantener una disciplina férrea y mantener nuestros hábitos como si aún estuviéramos trabajando porque… ¡buscar trabajo es en sí un trabajo! Acudir a cuantas entrevistas o reuniones puedan procurarnos nuestras recientes redes de contactos, o tal vez amigos y familiares, con nuestra mejor cara y nuestra mente muy abierta. Sé que puede parecer una obviedad para algunos, o para otros una mera concatenación de tópicos, pero es la realidad y créanme que funciona. Nos esperan meses terribles, esta crisis, ya lo he comentado en otras ocasiones, va para largo, la actitud personal, más que nunca, será la clave para poder salir indemne de uno de lo peores momentos vividos nunca a nivel de empleo.

Siempre, siempre, siempre, los números y las estadísticas son fríos y crueles… pero detrás de cada uno de esos nuevos desempleados o de cada una de esas nuevas bajas a la Seguridad Social se esconde un hombre o una mujer, una persona, una historia… y en muchos casos un drama. Con nombres y apellidos. Quiero y deseo que, a diferencia de muchos que creen que vamos a salir peores de lo que éramos, esta crisis saque lo mejor de nosotros mismos; que nos convierta en más empáticos, en más solidarios, en más humanos. Solo entre todos podremos vencer a este maldito virus y solo entre todos podremos intentar paliar las devastadoras consecuencias que esta pandemia dejará en nuestras cuentas y en nuestras economías particulares. Pensemos en que, ese rostro que nos mira angustiado cada mañana desde el abismo vital del que se ha quedado sin nada, podía ser el nuestro. Que mañana podemos ser nosotros quienes nos veamos en esa tesitura.

¡Ánimo y esperanza! Es mi mensaje para abrochar esta pieza en positivo, como me gusta hacerlo siempre. ¡Entre todos podremos porque solo juntos somos más fuertes!

Fuente: Euprepio Padula, Presidente Padula&Partners y Experto en Liderazgo, en Expansión 30 de Julio 2020

 

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