Selección Semanal 11 de Enero – Los retos de Calviño al frente de la ‘Comisión Delegada’

La vicepresidenta tercera deberá coordinar las decisiones del resto de los ministerios en materia económica desde la Comisión Delegada. La buena sintonía entre Nadia Calviño y María Jesús Montero ha limado hasta la fecha las diferencias internas en el seno del Gobierno.

 

Nadia Calviño será la vicepresidenta tercera del Gobierno de Pedro Sánchez, además de ministra de Economía y responsable de la transformación digital, y seguirá ejerciendo como presidenta de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos desde donde deberá coordinar las decisiones que el resto de los ministerios del área económica quieran llevar a su aprobación al Consejo de Ministros.

 

Nunca ha sido fácil la labor del responsable de la delegada porque debe articular los intereses sectoriales que defiende cada departamento, y hacerlo con Hacienda, que suele ser el Ministerio contra el que choca el resto por cuestiones presupuestarias.

 

La nueva responsable de la Comisión Delegada apenas ha tenido tiempo de saborear las mieles existentes cuando la economía funciona a pleno gas, como ha sido el caso de los años anteriores a la llegada al Gobierno de Sánchez. En su primer año completo al frente de sus responsabilidades ministeriales, Calviño ha visto cómo se ha pasado de crecer en el entorno del 2,5% a una cifra cercana al 2%, las cifras de 2019 son todavía provisionales, y con unas perspectivas de que en el ejercicio actual la tendencia va a continuar a la baja, no solo por el agotamiento del ciclo económico nacional, sino porque, además, se siguen manteniendo los riesgos internacionales (guerra comercial entre Estados Unidos y China, consecuencias de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, deterioro de la economía en varios de los principales países emergentes…) aunque es posible que algo menos acentuados que hace unos meses.

 

Si en el año y medio en que el PSOE ha gobernado, aunque buena parte de este tiempo haya sido en funciones, no se han producido roces relevantes en el seno del Ejecutivo que hayan puesto en cuestión la autoridad de Calviño sobre el resto de los ministros económicos, ha sido entre otras cosas porque parece que ha existido una notable sintonía entre la titular de Economía y la de Hacienda, María Jesús Montero.

 

Pero puede que en el futuro inmediato esta situación empeore.

En primer lugar, porque la desaceleración económica va a dejar sentir sus efectos sobre el ritmo de creación de empleo, y por lo tanto de aumento de la riqueza disponible de las familias, lo que puede conllevar la necesidad de destinar mayores fondos públicos a políticas que intenten paliar estos efectos.

Agenda social

El Gobierno se ha marcado como una prioridad que se recuperen derechos sociales diluidos por la crisis y hay que tener en cuenta que estas cuestiones estarán bajo el control de Unidas Podemos, a través de la Vicepresidencia segunda que ejercerá Pablo Iglesias y de los ministerios que en el reparto de carteras han correspondido a esta formación política.

No se va a tratar solo de la revalorización de las pensiones o de la subida del Salario Mínimo Interprofesional, algo esto último que en términos presupuestarios no tiene una incidencia directa, sino en la orientación de las políticas activas de empleo, en las prestaciones de desempleo…

 

En otro orden de cosas, el anuncio de que el Ejecutivo va a tener una cuarta vicepresidencia (la primera la seguirá ocupando Carmen Calvo, la segunda Iglesias y la tercera Calviño) en la persona de Teresa Ribera, concentrando todo lo relacionado con la transición ecológica y el reto demográfico, además de que pueda haber sorprendido a los socios de gobierno del PSOE porque puede haber algún conflicto sobre determinadas áreas que se solapen, puede también ser un foco de problemas en el funcionamiento de la Delegada.

 

El hecho de que Ribera también tenga el nivel de vicepresidenta la coloca en el mismo rango que a Calviño y no se puede dejar de considerar que esas áreas son muy transversales y van a demandar importantes cantidades de recursos, públicos y privados, para que se puedan alcanzar los ambiciosos planes de transformación de la actividad económica y cotidiana que se persiguen.

 

Hace año y medio, cuando Calviño empezó a presidir la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, la principal preocupación macroeconómica, junto con el ligero aterrizaje de la actividad que había entonces, era cómo se preparaba a la economía española a una cierta vuelta a la normalidad monetaria que había iniciado el Banco Central Europeo. Se había dejado de inyectar dinero nuevo para comprar deuda pública y privada y todo apuntaba a que en 2019 los tipos de interés empezarían su recuperación. Pero fue una ilusión pasajera.

 

Los riesgos económicos internacionales, especialmente la guerra comercial entre China y Estados Unidos enfriaron más deprisa de lo esperado la actividad económica mundial (las previsiones son de que este panorama se mantendrá durante 2020) y el BCE tuvo, en el pasado otoño, que dar marcha atrás en sus planes bajando aún más los tipos de interés y volviendo a sus compras de deuda pública y privada, dejando claro que esta situación se va a prolongar durante bastante tiempo. Es un factor positivo, y se volverá a notar en el coste de la deuda pública, con el que cuenta Calviño para mantener el rumbo de la economía española. No tiene muchos más realmente.

 

Fuente: Expansión, 10 Enero 2020

 

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