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Selección Semanal 13 de Julio – El G20 y el daño a la economía por la guerra comercial

El autor desgrana las causas por las que las economías occidentales seguirán perdiendo dinamismo ante los países emergentes de Asia.

El discurso de Donald Trump debe tomarse en serio y al pie de la letra. Cuando tomó posesión del cargo, en enero de 2017, declaró que “la protección llevará a una gran prosperidad”, al menos para Estados Unidos. Y hablaba en serio. Trump está transformando la economía global con la guerra comercial que ha declarado al mundo, y sobre todo a China.

La economía global, ahora debilitada, podría acabar dividida. Éste es el pensamiento que dominará la cumbre del G20 que se celebra en Osaka, Japón. Ante las fuertes divisiones entre las dos superpotencias mundiales, el resto del grupo seguramente se limite a observar con impotencia mientras el aperturismo a la economía internacional cae en el olvido. La evolución de la economía global ya es decepcionante. Las principales organizaciones económicas internacionales (FMI, OCDE y Banco Mundial) han revisado a la baja sus previsiones macroeconómicas.

El crecimiento económico global para 2019 apuntaba a un 3,1% en enero de 2018. El pasado mes de mayo, la cifra había caído hasta el 2,8%. La evolución de la economía estadounidense ha sido sólida: las previsiones para enero de 2018 apuntaban a un crecimiento del 2,4% y en mayo habían aumentado al 2,6%. Sin embargo, las previsiones para la zona euro en 2019 han caído del 1,8% al 1,1% en ese mismo periodo.

Los pronósticos de crecimiento globales apuntan a un 2,7% en 2020, una caída de 0,1 puntos porcentuales frente a enero de 2019. El crecimiento en la zona euro para 2020 se situaría en el 1,3%. Y el de Japón apunta a un 0,4% para el próximo año. Para 2019 y 2020, los pronósticos muestran un crecimiento rápido y estable en las economías emergentes asiáticas: en el caso de China, del 6,3% en 2019 y del 6,1% en 2020; en el de India, un 7,2% en 2019 y un 7,3% en 2020.

Todo apunta a que el auge de la Asia emergente, que concentra la mitad de la población mundial con respecto a otras regiones, continuará. Las causas de esta evolución se pueden resumir en siete puntos.

1) Sobreendeudamiento

Desde la crisis financiera de 2007-2008, la ratio de deuda con respecto al PIB en los países con rentas más altas se ha estabilizado. Sin embargo, la deuda ha pasado del sector financiero y los hogares a las empresas no financieras y a los gobiernos. El aumento de la deuda corporativa no financiera es un fenómeno global. En su último informe sobre las Perspectivas Económicas, la OCDE apunta a que la deuda corporativa no financiera casi se ha duplicado en comparación con 2008, alcanzando cerca de 13 billones de dólares.

2) Estancamiento

Resulta llamativo que los tipos de interés reales y nominales a corto y largo plazo sean tan bajos tras un periodo prolongado de expansión económica y que en algunos países el índice de desempleo sea bajo, sobre todo en EEUU y en Reino Unido. Los bajos tipos son de gran ayuda, ya que hacen que la deuda sea más fácil de gestionar. Sin embargo, pueden ser un lastre, dado que, ante una ralentización económica, los bancos centrales tendrían poco margen de maniobra.

3) Populismo

Los políticos populistas han cobrado protagonismo en los países con rentas más altas, después de que algunos fueran víctimas del aumento de la desigualdad, de la inmigración en masa y de la crisis financiera. Esto ha tenido un efecto desestabilizador a nivel político y económico. En EEUU, ha derivado en el proteccionismo del presidente Trump. En Reino Unido, en el Brexit y en la zona euro en un gobierno populista como el de Matteo Salvini. El auge de los políticos populistas los ha llevado a gobernar países como Brasil, México y Turquía.

4) Estrés en la zona euro

La zona euro es, en el mejor de los casos, una unión monetaria a medias. Y lo que es peor, la crisis y el auge del populismo han separado a países como Italia y Alemania. Ante la actual situación, no sería de extrañar que asistiéramos a una nueva crisis política y económica difícil de gestionar. Uno de los detonantes sería la inminente llegada de un nuevo presidente en el Banco Central Europeo y el hecho de que el BCE haya agotado gran parte de su política monetaria convencional

5) Luchas de poder

El cambio de equilibrio entre las potencias económicas, sobre todo con el auge de China, ha perjudicado a Occidente en general y a EEUU, la primera potencia mundial, en particular. La elección de Trump, en parte en respuesta a este fenómeno, está desestabilizando los cimientos políticos y económicos a nivel global. Su política de America First ha abierto disputas con China, sobre todo a nivel comercial y con sus supuestos aliados, tanto en materia de comercio como de seguridad colectiva. A pesar de todo, Trump cuenta con el apoyo de muchos estadounidenses, tanto de derechas como de izquierdas, aunque por diferentes razones.

6) Proteccionismo

Tras la crisis financiera, el crecimiento del comercio ha sufrido una fuerte ralentización. Esto se debe en gran parte al agotamiento de las posibilidades de internacionalización de las cadenas de suministro, a la ralentización global del crecimiento de la inversión y al proteccionismo. Pero las guerras arancelarias de Trump van cambiando en magnitud y estilo. En estilo, porque su Administración no pretende respetar los principios y compromisos derivados del papel de EEUU como miembro fundador más destacado de la Organización Mundial de Comercio (OMC); de magnitud, porque el nivel de aranceles hacia el que se mueve EEUU es similar a los de las economías emergentes más proteccionistas.

7) Incertidumbre

Juntos, todos estos factores crean una enorme incertidumbre, que se ha hecho notar en la inversión. De forma generalizada, la incertidumbre representa el mayor riesgo a la economía global. Las guerras comerciales no son la única causa de incertidumbre, pero están entre las más importantes. El propósito del sistema comercial creado tras la Segunda Guerra Mundial era el de liberalizar el comercio mediante acuerdos comerciales vinculantes supervisados por un sistema global de resolución de disputas. Trump está aniquilando la credibilidad de los compromisos adquiridos por Estados Unidos con la OMC.

En general, el resultado es una fragilidad económica a nivel global. La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, ha asegurado que la imposición de aranceles en represalia a las decisiones del contrario -en relación a EEUU y China- afectan negativamente a una recuperación global precaria. En circunstancias normales, esto sería preocupante. Pero, ante la actual situación de incertidumbre, las autoridades necesitan obrar con cautela, que es precisamente la cualidad de la que carecen los políticos populistas, con su desprecio a las normas. Los líderes del G20 deben gestionar esta situación con especial cuidado. Lamentablemente, el grupo, que se fundó en un intento de ampliar la base de cooperación global, es víctima de un caos generalizado. Los miembros del G20 son médicos que necesitan sanarse a sí mismos. ¿Lo conseguirán? Seguramente en este momento la respuesta sea que no. Puede que sea necesaria una crisis para que actúen con contundencia, como en 2008 y 2009. Pero incluso entonces podría ser imposible. Sólo queda esperar y ver qué pasa.

Fuente: Martin Wolf, Financial Times 29 Junio, Expansión, traducción: Paloma Echazarra

Comentario NP: Nos ha parecido muy interesante el análisis de Martin Wolf, editor asociado y principal comentarista del Financial Times. El auge de Asia emergente continuará y los miembros del G20 tienen una situación complicada. Como apunta, nos queda “esperar y ver”

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