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Selección Semanal 13 de Julio – Martin Wolf: El boom económico de Trump demostrará no ser más que fanfarronería

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“La economía ha repuntado con fuerza bajo el presidente Trump”, afirma un comunicado en la página de Internet de la Casa Blanca. Esta declaración requiere una evaluación sobria.

La conclusión es que la economía ha respondido a un gran estímulo fiscal como vaticinaban las mejores predicciones. Es poco probable que ese repunte aguante. Como se pretendía, las grandes rebajas fiscales han beneficiado enormemente a los propietarios de empresas. Pero esas rebajas no han cubierto su propio coste. En su lugar, han dejado una frágil posición fiscal a largo plazo. Resulta llamativo que los republicanos estén satisfechos de ello. Dada su postura durante la era Obama, también es hipócrita.

Puede que la conclusión más simple sea que un estímulo fiscal funciona, incluso en una fase tardía del ciclo económico. Según Jason Furman, presidente del consejo de asesores económicos bajo Barack Obama y en la actualidad profesor de la Universidad de Harvard, el estímulo fue de apenas el 1,2% del producto interior bruto. Un trabajo conjunto con Robert Barro, también profesor de Harvard, publicado en marzo de 2018, preveía que esto elevaría la tasa de crecimiento en 1,1 puntos porcentuales en 2018 y 2019. Hasta el momento, esto parece corresponderse con los resultados.

De este modo, la tendencia de crecimiento de la economía estadounidense fue del 2,2% desde el primer trimestre de 2009 al primer trimestre de 2017 -los años de la recuperación postcrisis bajo Obama-. El crecimiento real interanual ha aumentado a cerca del 3% desde el segundo trimestre de 2018. Así, la economía se ha acelerado en el corto plazo.

Esta aceleración ha traído consigo nuevos descensos del desempleo. La tasa de paro cayó del 4,7% al 3,7% entre enero de 2017 y junio de 2019. Es la cifra más baja desde diciembre de 1969. Esos bajos índices de desempleo contribuyeron a provocar un aumento de la inflación en la década de 1970. ¿Será distinto en esta ocasión?

Afortunadamente, hasta el momento no se ha dado un repunte así. Se ha producido un modesto aumento del crecimiento del salario medio por hora de los empleados privados, del 2,4% en el año hasta enero de 2017 al 3,1% en el año hasta junio de 2019. Pero esta tasa se ha estabilizado en el último año. En términos reales, el salario medio semanal se incrementó en sólo un 1% en el año hasta mayo de 2019. No cabe duda de que la gran aportación de las rebajas fiscales a los trabajadores ha sido más la creación de empleo que un aumento de los ingresos reales.

Sin embargo, la participación en el mercado laboral de hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 25 y los 55 años sigue por debajo de picos anteriores. La participación de hombres de mediana edad era del 89% en junio de 2019, frente al 96% a principios de 1970. En el caso de las mujeres, era del 76% en junio de 2019, frente a un pico del 77% en abril de 2000. Hay que situar la caída del desempleo en este contexto. La participación en el mercado laboral ha sufrido una caída dramática en el caso de los hombres de mediana edad. El aumento de la participación dejó de crecer hace dos décadas en el caso de las mujeres de mediana edad.

El impacto de las rebajas fiscales sobre la economía afecta principalmente, como cabría esperar, a los beneficios después de impuestos. El impuesto efectivo sobre los beneficios se desplomó al 10% a principios de 2018, desde el 19% en el tercer trimestre de 2016. Esto representa otra gran caída dentro de la trayectoria de descensos iniciada a principios de los años 50, cuando la tasa tocó techo en el 50%.

La gran justificación económica para rebajar los impuestos a las corporaciones es que con ello aumentaría la inversión. La ratio de inversión fija privada no residencial real en relación al PIB fue del 13,8% en el primer trimestre de 2019. Esta cifra es sólo 0,8 puntos porcentuales mayor a la del último trimestre de 2016. También se sitúa dentro de las ratios históricas. El trabajo de los profesores Barro y Furman sugiere que el cambio en el trato fiscal a las corporaciones debería tener un modesto efecto al alza sobre el crecimiento, principalmente a través de una mayor inversión acumulada. Pero el efecto sería sólo de una subida del PIB de 0,2 a 0,4 puntos porcentuales en 10 años. En un reciente estudio, Furman sugiere que incluso esta cifra podría ser exagerada, en lo que se refiere a los ingresos nacionales reales en Estados Unidos y no al PIB, una vez que se tienen en cuenta los pagos a extranjeros necesarios para financiar el aumento de la inversión y los déficits fiscales.

Aunque el efecto a largo plazo sobre el crecimiento parece nulo, no ocurre así con el impacto sobre las finanzas del Gobierno federal. Ese bien puede ser el punto principal, al menos para los congresistas republicanos. Las rebajas fiscales no se pagan solas. Pero ayudan a “matar de hambre a la bestia”, utilizando jerga habitual republicana. La ratio de las facturas federales en relación al PIB cayó al 17% en el primer trimestre de 2019, frente al 18,8% dos años antes. La brecha entre las facturas y el gasto también alcanzó el 5,5% del PIB en el primer trimestre de 2019, lo que tiene que estar cerca del pico del ciclo. Esto tendría justificación si estos déficits estuvieran financiando la inversión.

Pero no sucede así. Los demócratas habrán sacado también en conclusión de la incontinencia fiscal de los republicanos que la responsabilidad fiscal no tiene sentido. Esto tendrá grandes consecuencias a largo plazo.

La principal política de Donald Trump ha sido una forma regresiva de keynesianismo, disfrazado de reforma fiscal, que ha reportado inmensos beneficios a los accionistas. Ha facilitado un fuerte estímulo a corto plazo que ha tenido efectos positivos sobre el desempleo. No se sabe si las tasas actuales de desempleo son sostenibles. Pero no pueden seguir cayendo indefinidamente. Es probable que los efectos sobre el crecimiento a largo plazo sean modestos, aunque gestionar la economía de este modo podría generar un repunte de la inversión, y por tanto del crecimiento. Dadas las presiones que sufre la Reserva Federal para seguir suministrando combustible, todo esto podría acabar en lágrimas, con un aumento de la inflación y de los tipos de interés, y la credibilidad fiscal y monetaria dañada.

Es demasiado pronto para alabar la “Trumpconomía”. Pero no lo es para señalar hacia dónde se dirige EEUU. Cuesta imaginar a alguien defendiendo la prudencia fiscal. La elección es, más bien, entre keynesianos de derechas y de izquierdas. A largo plazo, es probable que esto acabe mal. Pero podría ser a muy largo plazo.

Fuente: Financial Times, Martin Wolf, 11 Julio

Comentario NP: Nos parece clarificador, se trata de una análisis objetivo, independiente y profesional.

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