Selección Semanal – 18 de Mayo – TESTIMONIOS SOBRE ALFREDO PEREZ RUBALCABA
18 May . 2019
7 mins
Hemos seleccionado 2 muestras del afecto y reconocimiento a este notable político:
Ramón Jauregui: Ser un hombre de estado
Se lo pregunté varias veces, ¿Cuándo lo vas a contar? Me respondía con el silencio en su cara, alzando sus hombros y una sonrisa picarona, mitad simpatía, mitad impotencia. El significado de su expresiva gestualidad era un “no debo, no puedo”. Eso es ser un hombre de Estado.
Él no debía contar cómo lo hicieron, ni siquiera años después de que ETA declarase la renuncia a la violencia, el fin del terrorismo, aquel 20 de octubre inolvidable de 2011. Fue un final feliz, extraordinario. Nadie, en ningún lugar del mundo, ha terminado tan limpia, tan democrática y tan definitivamente con la violencia terrorista como lo hicimos en España. Miren a Irlanda o a Colombia. Recuerden a Italia o Alemania. Él y Zapatero lo hicieron muy bien. Derrotar a la banda y ofrecerle una pista de aterrizaje que les permitiera cerrar su trágica historia. Lo hicieron muy bien y no lo han contado. Son hombres de Estado. Hoy les elogian incluso quienes les llamaron traidores y ponían palos en la ruedas de la Paz.
Alfredo era inagotable. Trabajaba hasta la extenuación. Preparaba sus discursos y se aseguraba bien del rigor de lo que decía. Lo leía todo, consultaba con el mundo, conversaba sin límites. Analizaba pros y contras, calculaba consecuencias, dibujaba escenarios, intuía el futuro.
Prestó servicios memorables al país como su discreta y meritoria contribución a la sucesión de Juan Carlos I y la consecuente entronización del actual Rey. Se es hombre de Estado por muchas cosas, también por hacer y no decir. Era, por todo ello, un político de los pies a la cabeza. Vivía y bebía la política. Incluso ahora, refugiado en la Facultad de Químicas seguía viéndolo todo, sugiriendo, proponiendo, conversando… Siempre en movimiento. Rápido, como el velocista que fue.
Amaba el pacto. Era negociador y gustaba del acuerdo. En los inicios del brote catalán, alrededor de 2013, me pidió escribir la propuesta autonómica socialista. La negociamos primero con Miquel y el PSC y luego con todos los varones del PSOE hasta alumbrar el famoso documento de Granada. Yo escribía, él negociaba. Consiguió un consenso que parecía imposible. Era un político de acuerdos. ¿Quién lo es ahora? Este país ha perdido el aprecio por los pactos. Peor aún, consideran débil o cobarde al que pacta, cuando debería dársele el mérito del valor y recibir el elogio porque los acuerdos ennoblecen a la política. Alfredo era un gran negociador, un gran pragmático.
En 2012 me pidió concebir y organizar una gran conferencia política para modernizar el PSOE después de nuestra derrota electoral en 2011 y para incorporar a nuestra propuesta programática las exigencias de una nueva sociedad en un mundo en cambio acelerado. Juntos hicimos un enorme esfuerzo de aggiornamiento del PSOE, contando con los mejores expertos en todos los planos ideológicos y políticos de nuestro país. La Conferencia Política fue un éxito. Todavía hoy, el PSOE bebe de esas fuentes. Fue un hombre de nuestro tiempo. Miraba lejos y adelante.
Fue uno de los mejores parlamentarios de nuestra historia democrática. Era didáctico y claro. Buen comunicador. Cuando llegó Twitter, él ya había descubierto los 140 caracteres. Mucho antes tuvo claro que los mensajes largos no entraban en la tele y que sólo los titulares y las frases redondas entraban en los periódicos.
Antes de ser jefe, fue colaborador. Lo fue de Maravall, de Almunia, de Felipe, de Borrell. De todos se hizo imprescindible. Cuando coincidimos en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, nos reuníamos a las 8:00h de la mañana en su despacho. Ya teníamos la prensa sobre la mesa. Allí se veían los temas, los marrones y allí se decidía qué decir, quién lo hacía, en qué acto… Era un analista fino. Era muy listo, muy sagaz. Fue un líder.
Se ha ido uno de los mejores. Uno de los que más ha hecho por el país estos últimos 30 años. Se ha ido uno de los grandes.
Lo recordaremos y le reivindicamos con orgullo.
Ramón Jáuregui, eurodiputado por PSOE, exconsejero Gobierno Vasco, ex Secretario General PSE.,
Publicado en Expansión, 13/05/2019
Soraya Sáenz de Santamaría: Implacable en el debate, constructivo en la negociación
Estaba ya Rubalcaba retirado de la política activa, cuando recibí su llamada en medio de una de las múltiples crisis que copan la vida diaria de un gobierno. Me llamó solidario para decirme que tirara para adelante, que estaba haciendo lo que había que hacer y que él hubiera hecho exactamente lo mismo.
Le agradecí su consejo y su apoyo. No tenía por qué hacerlo, pero lo hizo. Al día siguiente, expresó abiertamente esa misma opinión en una entrevista de radio. Algunos le criticaron por ello. No creo que le importara demasiado. La anécdota retrata perfectamente su personalidad y su carácter.
Debatir con él era no sólo un desafío político, sino también un reto intelectual. Las muchas oportunidades que tuve de enfrentarme a su dialéctica fueron los momentos más estimulantes de mi vida parlamentaria. Era de mente rápida, verbo certero y demagogia escasa, virtudes que le hacían tremendamente peligroso. Dominaba como nadie la metáfora, encajaba con soltura el titular y sabía simplificar el fondo de la cuestión como solamente pueden hacerlo los que conocen la cuestión al detalle.
Era implacable en el debate, sin duda, como correoso pero constructivo en la negociación. Sabía lo que quería y lo defendía con ahínco y argumentos; sin embargo, también tenía la inteligencia suficiente para ponerse en el lugar del otro y saber que, cuando negocias, nunca puedes ganar diez a cero.
Y supo ser leal y discreto cuando se trataba de abordar asuntos de estado. Sabía distinguir cuando se ponía la camiseta del PSOE y cuando tocaba jugar con la selección nacional. En un mundo en el que si no quieres que se filtre algo es mejor que ni lo pienses, Alfredo no se saltaba jamás la reserva de una conversación.
El talento con el que gestionó desde la oposición asuntos como la abdicación del Rey Juan Carlos I y la coronación del Rey Felipe VI representa el último ejemplo de su amplitud de miras y compromiso con España que nos dejó.
Tuvimos vidas paralelas o, más bien, la mía iba sucediendo a la suya: portavoz parlamentario, portavoz del gobierno, vicepresidente. Hasta nos encontramos fuera de la política. Me ha faltado ese debate sobre liderazgo y negociación que teníamos previsto compartir en junio. Echaré de menos esa última oportunidad para seguir aprendiendo de un maestro.
*Soraya Sáenz de Santamaría es ex vicepresidenta del Gobierno
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