Selección Semanal 2 de Enero – BREXIT: La Unión Europea y Reino Unido alcanzan un histórico acuerdo sobre el Brexit


03 Ene . 2021

8 mins

RESUMEN SEMANAL

Selección Semanal 2 de Enero – BREXIT: La Unión Europea y Reino Unido alcanzan un histórico acuerdo sobre el Brexit

 

  • La presidenta de la Comisión Europea lo ha definido como «justo y equilibrado»

 

 

La Unión Europea y Reino Unido han alcanzado este jueves, después de meses de negociaciones, un histórico acuerdo comercial sobre el Brexit. «Hemos llegado a un acuerdo después de recorrer un complejo camino», ha explicado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en rueda de prensa. La europea lo ha definido como «justo y equilibrado».

 

«El acuerdo que se ha conseguido va a ser para nosotros, y también para nuestros socios, muy beneficioso. Nuestros objetivos son comunes», ha afirmado el ‘premier’ ante los medios. «Nos permitirá que las situaciones de falta de justicia van a ser muy poco comunes. Vamos a tener un respeto mutuo pero también un comercio libre«.

 

Este miércoles, fuentes comunitarias filtraron que el acuerdo era «inminente» y que los negociadores de ambos bandos seguirían trabajando toda la noche para anunciar un pacto este jueves, cuando apenas queda una semana para la salida definitiva de Reino Unido del club comunitario.

Un acuerdo antes de Navidad evita una turbulenta ruptura económica y va a ser muy bien recibido por los mercados. La libra esterlina, principal termómetro para calibrar el éxito de las negociaciones, se aprecia un 0,5% y se cambia a 1,3563 dólares.

Los analistas de Bolsamanía afirman que «técnicamente, y a falta del cierre de la vela semanal de la libra contra el dólar (o cable), lo que tenemos delante es lo que se conoce como un ‘cabeza y hombros’ invertido», con objetivo en 1,57, «con el permiso, claro está, de la resistencia intermedia que presenta en los máximos de 2018, en los 1,4376«.

 

Ahora mismo, están ultimándose los detalles sobre las cuotas de pesca, un obstáculo durante meses dentro de un extenso acuerdo comercial de más de 2.000 páginas, incluidos los difíciles capítulos de la gobernanza y de la igualdad de condiciones en materia de competencia. Solo queda pendiente el difícil obstáculo del acceso a las aguas británicas por la flota europea.

 

El pacto, que se lleva negociando casi un año, es vital para que Reino Unido mantenga el acceso al mercado único sin aranceles ni cuotas, y para que los productos que la UE envíe al mercado británico no se vean penalizados.

 

Si se consigue, aseguraría que el comercio de bienes, que constituye la mitad del comercio anual entre ambas partes, por un valor total de casi un billón de dólares, permanezca libre de aranceles y cuotas.

Según el diplomático de alto rango de la UE, los Estados miembro tendrán que aprobar una aplicación provisional del acuerdo con efecto a partir del 1 de enero porque, aunque haya acuerdo, no habrá tiempo suficiente para que el Parlamento Europeo lo ratifique.

En cualquier caso, parece que los Veintisiete ya se están preparando para este escenario, según tres fuentes diplomáticas del bloque citadas por Reuters.

«Parece que el acuerdo está más o menos ahí. Es cuestión de anunciarlo hoy o mañana«, señaló un diplomático de la UE, que aseguró que el Consejo Europeo ha comenzado los preparativos para permitir una «aplicación provisional», o una implementación rápida, del esperado acuerdo.

 

Fuente: César Vidal / Judith Arrillaga, Bolsamanía, 24 de Diciembre 2020

 

BREXIT: Lo que se va con Reino Unido

Tiempo habrá de hablar del Acuerdo de Comercio y Cooperación firmado entre la Unión Europea y Reino Unido, razonable en cuanto a concesiones mutuas y generoso en comercio de bienes, pero raquítico en materia de servicios y libre circulación de personas. Y es que no deja de ser el primer acuerdo comercial de la historia diseñado para comerciar menos.

Hoy es mejor hablar de lo que se va con el Reino Unido, de lo que pierde Europa más allá de lo estrictamente económico. Porque, con independencia de los gobiernos británicos de un momento histórico determinado, una Unión Europea sin Reino Unido es, simplemente, una Unión Europea empobrecida.

Reino Unido era, ante todo, una visión europea alternativa. Alternativa, desde luego, al modelo francés, tan ambicioso en unos frentes como reticente en otros, con un cierto proteccionismo camuflado y una marcada desconfianza hacia Estados Unidos. Alemania se encontraba muy cómoda con los británicos sirviendo de contrapeso de algunas iniciativas francesas, porque le evitaba el coste del enfrentamiento directo. Holanda, por su parte, era un aliado estratégico de Reino Unido en su visión de que no todo avance en el proceso de integración está justificado si no va acompañado de avances paralelos en otros ámbitos. La política fiscal es un buen ejemplo: Francia ha sido tradicionalmente favorable a compartir riesgos, como por ejemplo con los eurobonos, pero sin ceder soberanía en control presupuestario. Alemania, por el contrario, nunca entendió que una autoridad supranacional pudiera responsabilizarse de una deuda común sin hacerse cargo al mismo tiempo de los ingresos fiscales nacionales necesarios para repagar esa deuda. Aunque la reticencia del Reino Unido a avanzar en cualquier forma de integración fiscal era estructural (y eso quizás habría hecho naufragar el Next Generation EU), al menos obligaba al resto a justificar mejor sus propuestas. Y eso era bueno.

Con Reino Unido se va también un vínculo imprescindible con Estados Unidos. Más allá de las vacías frases sobre la «relación especial», lo cierto es que aportaba un elemento integrador atlántico, en especial en materia de defensa y seguridad, que no será fácil de sustituir. Ese vínculo, además, era particularmente importante como puente con los países del Este, que siempre vieron a Estados Unidos como el gran defensor de sus derechos frente a la amenaza soviética. En un momento en el que algunos países del Este ponen en cuestión algunos valores europeos esenciales de la UE, el peso moral de un Reino Unido aliado con un Estados Unidos post-Trump habría sido sin duda muy beneficioso. Dicho esto, resulta curioso que el Reino Unido, después de haber sido uno de los principales impulsores de la entrada en la UE de los países del Este (Tony Blair la consideraba «uno de los mayores logros históricos de la diplomacia británica»), se haya ido de la UE, entre otros motivos, para controlar la inmigración de algunos de esos países. Otra muestra más de la esquizofrenia del Brexit.

También se va con el Reino Unido, por desgracia, gran parte de la excelencia académica europea. Porque, no nos engañemos, eran las grandes universidades británicas las que permitían a la Unión Europea lucir en los ránkings mundiales. Como se ha cansado de repetir Luis Garicano, si prescindimos de Oxford, Cambridge, el UCL, el Imperial College o la LSE, no hay ninguna universidad de la UE entre las 30 mejores del mundo en las clasificaciones más relevantes. Eso sí, para compensar, el gobierno británico ha sacado a sus jóvenes (el 75% de los cuales votaron en contra del Brexit) del programa Erasmus europeo para crear su propio programa. Quizás entre eso y las restricciones de visados ese liderazgo británico se vaya diluyendo.

Finalmente, con Reino Unido se va también un valioso pragmatismo en materia reguladora. Una visión alternativa de la regulación y de la función pública mucho más ágil que la continental -al estar más basada en el control a posteriori y la responsabilidad que en el control a priori- y que le ha permitido convertirse en referente regulatorio en numerosos ámbitos, entre ellos el financiero. Qué lástima que la negociación del Brexit no haya sido una muestra de ese tradicional pragmatismo británico, sino una cesión al idealismo soberanista que difícilmente tendrá una repercusión en los derechos prácticos de sus ciudadanos.

Cualquier europeísta con un mínimo de espíritu crítico es hoy consciente de la magnitud de la pérdida que para la Unión Europea supone la salida del Reino Unido. Ojalá que, con el tiempo, este país vuelva a aportar su historia, sus valores y su tradicional cordura a un proyecto europeo que, por su parte, deberá demostrar con su ambición que el Brexit fue un grave error.

Fuente: Enrique Feás, Expansión Londres, 31 de Diciembre 2020

 

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