Selección semanal 20 de Marzo – La Batalla de Madrid


20 Mar . 2021

8 mins

RESUMEN SEMANAL

Selección semanal 20 de Marzo – La Batalla de Madrid

El ‘show’ prometido el 4-M en Madrid consta de dos frentes irreconciliables y el desencuentro ya ha tomado un perfil que es chabacano hasta decir basta. Hay bronca en lugar de conversación y de diálogo. Se recurre a palabras y a frases que se emplean, sin exactitud, como armas arrojadizas.

La nueva Batalla de Madrid

Si el Covid no lo impide y la autoridad lo permite España está a seis semanas de ser invadida por enviados especiales dispuestos a contar la nueva Batalla de Madrid y a impedir que la realidad entorpezca un buen titular. La opinión pública y la publicada, frecuentemente tan papanatas con lo que pasados los Pirineos se dice de estos pagos, ya se puede ir preparando.

Los enviados por los medios internacionales se habrán documentado sobre la anterior Batalla. Habrán leído lo que escribieron de ella Ernest Hemingway y Martha Gellhorn, la gran reportera que tuvo un romance con el autor de Por quién doblan las campanas en el hotel Florida que entonces existía en la Gran Vía Madrileña. El remake tiene un atractivo irresistible.

España es un potente imán en tiempos de confrontación y de incertidumbre. Tiene la extraordinaria facultad de ser el campo de pruebas que mide los futuros tropiezos que le espera a la marcha de la civilización. Asumió este papel cuando se alzó contra Napoleón y redactó una efímera constitución liberal. Lo repitió en 1936. Parece que lo vuelve a aceptar ahora cuando estalla de nuevo el populismo iracundo.

Ninguna estrella mediática que presume de auscultar el vaivén de la condición humana se va a perder la cita primaveral en Madrid. Bajo un cielo velazqueño se cavará una tumba para la escoria capitalista que detestan los indignados. O no pasarán las incultas hordas del adanismo que destrozan tanto valioso que ha de ser preservado. Es la lucha que la envidia y la codicia han repetido tantas veces a lo largo de la historia. Tendrá lugar en la capital de España.

Se ha de compadecer el aprieto del cuerpo diplomático de España cuyo oficio es dar la cara por el país. También el de sus empresarios que compiten por abrir mercados en el exterior y se esfuerzan por atraer flujos de inversión forastera. ¿Cómo ocultar que España es imprevisible debido al jaleo que permiten los complejos sistémicos de sus gobernantes y la endeblez ancestral de sus instituciones? ¿Cómo explicar la brusca espontaneidad de un pueblo cainita? ¿Cómo aclarar su querencia por el todo o nada y el alboroto?

Los ensayos se ejecutan con fines educativos y los realizados en España han fracasado en el intento. En la Guerra de Independencia no se aprendió nada salvo el cultivo del odio. El fanático «pueblo en armas» se llevó todo por delante durante las tres cuartas primeras partes del siglo XIX hispano. En la Guerra Civil perdieron ambos bandos porque ninguno, ni antes ni durante el conflicto, supo convencer. Cuando acabó la ordinariez del fratricidio, el civismo, la piedad y el perdón, fue imposible.

En principio el ensayo que aparentemente tendrá lugar en la Villa y Corte el cuatro de mayo no promete instrucción alguna por aquello del pensamiento desordenado de uno de los antagónicos participantes. El show prometido consta de dos frentes irreconciliables y el desencuentro ya ha tomado un perfil que es chabacano hasta decir basta. Hay bronca en lugar de conversación y de diálogo. Se recurre a palabras y a frases que se emplean, sin exactitud ni deseo de verificar lo que se dice, como armas arrojadizas. Se insiste, obviando la inteligencia pero con la contundencia de cualquier asamblea barriobajera, en que se está enunciando «la puñetera verdad».

El «fascismo», por ejemplo, es una ideología autoritaria muy concreta que movilizó a las masas en unos contextos políticos muy determinados que se dieron en la década de los veinte del pasado siglo en Italia y, con variantes, en la de los treinta en Alemania. No es un sustantivo de uso generalizado para arrear a quien piensa y actúa de otra manera. Es tan irracional acusar a Donald Trump de ser «fascista» como lo es aplicar el epíteto a cualquier dirigente del actual liberalismo conservador español.

Insensatez repartida

Esta insensatez no es ni mucho menos la propiedad exclusiva de la chusma antifa en estos pagos. De Berlín a Boston y de Massachusetts a California todo el que reivindica el esfuerzo individual, cuestiona determinadas políticas de género o sostiene que todas las vidas importan, no solamente las de Black Lives, es poco menos que un matón de la Gestapo. Aquí, donde el victimismo es la única conducta permitida, la palabra «facha» tiene una especial resonancia y los demagogos tienen barra libre. El poco cuidadoso uso de palabras de enjundia que son muy precisas es incendiario. Encierra mucho peligro cuando se ponen en boca de populachos primitivos e iletrados. Pero de eso va el populismo.

De parecido modo, a los treinta y tres años de la caída del Muro y a los veintidós del comienzo de la Revolución Bolivariana en Venezuela solo gentes seriamente despistadas se atreven a proclamar, sin mayor explicación, que ha llegado la hora de que una «izquierda transformadora» tome el poder en la capital de la cuarta economía de la eurozona. Siempre habrá tales descerebrados en todo sistema político abierto y lo que ocurre en otras sociedades avanzadas, pero no en España, es que a los faltos de juicio se les envía, con amabilidad, al rincón que está reservado a quienes dicen disparates. Aquí, increíblemente, se les escucha y se les pondera.

A estas alturas y en el entorno próximo de España, de lo que hablan los adultos que se interesan por la vida pública es de la transparencia, de la rendición de cuentas, de una regulación fiscal que facilite el crecimiento económico, de la requerida excelencia del sistema sanitario y del escolar, de la necesaria eficacia del transporte público y del urgente reforzamiento de la atención a mayores y a marginados. También de la sostenibilidad medioambiental y de la emigración.

Seria y relevante

En la Comunidad de Madrid, en una de las regiones más prósperas y mejor equipadas de Europa, con un alto grado de wellbeing y tanto potencial por delante, se podría, y se debería, hablar de todas esas cosas que son serias y relevantes. Y sucede que por falta de una discusión entre gente madura, todo se reduce al infantil absurdo de «Comunismo o Libertad». No hay término medio.

Acusación de criminales y delincuentes

Posiblemente no puede haber ningún diálogo cuando el que predica, bien alto y soezmente, el asalto de la «transformación izquierdista» acusa a los actuales gobernantes de Madrid de ser unos criminales y unos delincuentes apoyados por los grandes poderes económicos. Al hacerlo está invitando al adversario a que le acuse de animar el destrozo de los cajeros automáticos y, puesto a ello, de querer quemar algún que otro convento.

Toda conversación fructífera y edificante necesita de antemano un nivel de sentido común y de educación. En la España de los grotescos insultos que se intercambian los políticos no la ha habido desde hace demasiado tiempo. Cúlpese a la mediocridad que ha nutrido a la endogamia de los partidos y al cesarismo de sus líderes. La frentista dicotomía que ha florecido en Madrid hace un flaco favor a una comunidad urbanizada, tolerante y sofisticada que se preocupa por sus ahorros y por el futuro de sus hijos. Madrid se merece más.

Sin embargo, la región más envidiada de España por su PIB per cápita, sus museos y sus espectáculos se va a convertir en otro campo de pruebas más, tan disfuncional y fútil como los anteriores. Y la fecha del ensayo está apuntada en la agenda de los medios internacionales. No hay que perderse la Batalla de Madrid que ha vuelto a la cartelera. Habrá historias para todos los gustos. El reñidero español no defrauda.

Como los guiris que ocupan su barrera en una plaza de toros para contemplar, de nuevo con Hemingway como asesor, «La muerte en la tarde», los enviados especiales tomarán sus puestos en las terrazas de los bulevares de la hospitalaria ciudad. Han llegado para presenciar el choque mortal de nuestros días que es la Batalla de las Ideas, la que enfrenta la democracia liberal y sus enemigos. También se dice la Batalla Cultural. Es la Batalla de Madrid.

Fuente: Tom Burns Marañón, Expansión, 18 de marzo 2021

 

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