Selección Semanal 8 de Noviembre -ELECCIONES USA: ¿Y si la izquierda no reconoce los resultados de las elecciones en EE.UU.?


07 Nov . 2020

8 mins

RESUMEN SEMANAL

Selección Semanal 8 de Noviembre -ELECCIONES USA: ¿Y si la izquierda no reconoce los resultados de las elecciones en EE.UU.?

Esta noche existe la posibilidad de que Donald Trump pierda las elecciones y no lo reconozca. O, más exactamente, tal y como han dicho varias fuentes al portal Axios, de que se declare ganador sin esperar a que termine el recuento. El presidente lleva tiempo deslegitimando, sin pruebas, el voto por correo, al que sobre todo recurren los demócratas. Dado que muchas papeletas llegarán tarde a sus oficinas electorales (gracias en parte a los recortes al servicio postal aplicados por la administración Trump), los republicanos alegan ya que estos votos no deberían de contar.

 

De hecho 13 estados, muchos de ellos clave, no aceptarán papeletas que lleguen más tarde de esta noche. Así que prepárense para ver a Trump, posiblemente, cantando victoria sin merecerlo en cuanto el mapa se tiña un poco de rojo. Si alguien tiene alguna queja al respecto, que se busque un abogado. Él tiene muchos y muy feroces. Y ‘good luck’ respecto a convencer a sus bases, milicias incluidas.

 

Pero este no es el único escenario que se plantea en las próximas horas. Lo malo de deslegitimar unos comicios es que si al final ganas limpiamente, tu oposición no se lo va a creer. Trump todavía tiene un camino hacia la victoria; es estrecho y tortuoso, pero existe, y si lo recorre cabalmente, llevándose los delegados necesarios como en 2016, ¿qué opinarán los demócratas y, sobre todo, qué opinarán las calles?

 

Hace cuatro años ya fue un trago. Los parlanchines voluntarios de la campaña de Clinton, que se paseaban como pequeños políticos, dando discursos y convenciéndote de que te unieras al Bien, la noche de las elecciones no querían hablar con la prensa. Habían pasado de ser pequeños centros del mundo a siluetas oscuras que fumaban en la esquinas. Su universo se había hundido. Lo que vino después fue una sucesión de marchas en defensa de la democracia que estaba siendo aplastada por un dictador que aún no había firmado ningún decreto.

 

Todos los días había terapias de grupo masivas, cursos de defensa personal gratis, nuevas y jóvenes voces que surgían por doquier, más protestas. Las librerías colocaban los libros sobre Trump junto a los libros sobre Hitler, y las estanterías se llenaban de títulos distópicos nuevos y viejos, de ficción y de no ficción. The New York Times y la CNN pisaron el acelerador e ingresaron más dinero que nunca. Denunciaban al tirano al mismo tiempo que le regalaban el 98,7% de su espacio.

 

Este clima no pasó desapercibido a los republicanos, para quienes los demócratas, en realidad, nunca han aceptado la presidencia de Donald Trump. Y hay escritores de medios progresistas que les dan la razón, como Shadi Hamid, en The Atlantic: “Los últimos cuatro años han sido testigos de una continua urgencia por explicar lo inexplicable”, dice Hamid. “Era más fácil pensar que esos americanos [los votantes de Trump] han sido unos lacayos, manipulados y engañados, o que simplemente no entendían lo que era lo mejor para ellos. Más aún, los rusos interfirieron”.

 

Desde el Rusia-gate al ‘impeachment’, desde las feroces investigaciones de la prensa a las columnas biliosas y al examen de todas las manchas que alguna vez ha habido en el currículum de Trump o de cualquier miembros de su familia, todo habrían sido, desde el punto de vista republicano, variaciones de la misma esencia: la cerril y absoluta incapacidad de la izquierda para reconocer en Trump a su presidente, para reconocer como compatriotas a esos americanos del interior a los que solo han visto de lejos o en televisión. Si no lo hizo en 2016, ¿acaso lo hará en 2020?

“Joe Biden no debería de conceder [la victoria de Trump] bajo ninguna circunstancia”, declaró Hillary Clinton, candidata demócrata de hace cuatro años, el pasado septiembre. “Porque creo que este proceso se irá arrastrando, y creo que en algún momento [Biden] ganará si no cedemos ni un centímetro, y si estamos tan centrados y somos tan incansables como el otro lado”.

 

Clinton se refería a las aparentes intenciones de Trump de quedarse en el poder; a sus teorías conspirativas sobre el voto por correo, su ataque al servicio postal y su intención, como ha reconocido en Twitter, de no dar como válidos los votos que lleguen después de las ocho de la tarde de hoy. Pero sus palabras no están solas, sino que forman parte de una idiosincrasia progresista bien cementada.

 

El problema del colegio electoral

Una de las patas del relato demócrata, por ejemplo, es la campaña para abolir el Colegio Electoral: esa institución creada para distribuir más equitativamente el peso político de los estados, pero que, desde que le dio la victoria a Trump sin tener el voto popular, se ha convertido en un estorbo, un trasto nocivo y antidemocrático. No pasa una semana sin que alguien del Brookings InstituteThe New York TimesThe New Yorker o The Atlantic no pida la destrucción de este organismo.

 

En la calle la gente (la gente demócrata) se siente igual: el 61% de los norteamericanos apoyan abolir el colegio electoral. Aproximadamente la misma proporción que se opone, siempre y en cada encuesta, de manera sistemática, a cualquiera de las políticas de Donald Trump. Un 60%. La misma proporción de quienes suspenden su gestión. Todo, en política americana, va de un 60%. Al otro lado, su riguroso reflejo: los 37-39% que siempre apoya al presidente.

 

Como apunta Hadid, resulta difícil imaginarse a los demócratas aceptando una segunda victoria de Trump. Y más aún teniendo en cuenta que Biden, al contrario que Hillary, ha mantenido un liderazgo amplio y estable en las encuestas. No ha patinado ni una vez, al menos en los sondeos. Más aún en medio de una pandemia, una crisis económica y una división política tan agresiva, tan absorbente. El consejo editorial del New York Times se refirió a la posible reelección de Trump como “la mayor amenaza para la democracia americana desde la Segunda Guerra Mundial”. Son términos, directamente, existenciales: de vida o muerte. Libertad o fascismo.

 

Quienes hacen estas declaraciones y escriben estos artículos tienen nombre y cara, pero, ¿y las calles? El pasado verano Estados Unidos conoció la mayor ola de protestas en medio siglo. En cierto modo, a la vista de lo que está hoy en juego, aquellos días de ruido y furia pudieron haber sido un mero calentamiento. Así lo notan las hileras de negocios recién tapiados del centro de Manhattan, o sus seguros millonarios, o los gobernadores que han activado la Guardia Nacional.

 

Si los republicanos perciben un hondo rencor en las filas del Partido Demócrata y en las redacciones de los medios de Nueva York y de Washington, este no es nada comparado con el que se fragua en los extremos del espectro. En la diversidad de grupos militantes que han surgido, como un resorte, de la oposición a la violencia policial y el racismo; una gama de militancias en el que la marcha pacífica se ve salpicada por grupos armados y por olas de saqueos y disturbios a veces se justifican en las universidades.

 

Puede que Donald Trump pierda y no lo reconozca (nadie recuerda que, en sus 74 años de vida, haya reconocido derrota alguna). Puede que azuce el miedo y mande señales claras a los grupos extremistas que lo apoyan y a las caravanas motorizadas que cortan puentes, intimidan a la campaña de Biden y cruzan ciudades amenazando y disparando balas de pintura. Puede que supedite la paz social a su soberbia, y que Estados Unidos se deslice por el agujero que él ha contribuido a abrir. O puede que gane. Y sea la izquierda la que elija el peligroso camino de lo desconocido.

 

Fuente: Europa Press, Expansión, 3 de Noviembre 2020

 

 

  • Biden: «Cuando acabe el escrutinio seremos los ganadores»

 

 

El candidato demócrata a las presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, se encuentra por delante con 264 votos electorales frente a los 214 de Donald Trump en un ajustado recuento que continúa un día después de las elecciones. Para ganar las elecciones, uno de los dos debe obtener la mayoría de los 538 delegados que componen el colegio electoral, es decir, 270. Ante el avance de Biden, Trump activó la estrategia judicial para pedir el recuento de votos en Wisconsin, Michigan, Georgia y Pensilvania. Este ultimo estado, con 20 votos electorales, sigue siendo el premio gordo de los comicios. El demócrata mantiene allí una ventaja de 3,1 puntos, con 2,4 millones de papeletas anticipadas, más de un millón de ellas emitidas por correo, cuyo recuento podría finalizar como pronto el viernes, debido al reglamento electoral del estado. La decisión final sobre quién será el próximo presidente de EEUU continúan en suspenso.

Fuente: Expansión, 5 de Noviembre

 

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