Selección Semanal 9 de Noviembre – Cómo ha evolucionado el liderazgo de los principales candidatos: del 28-A al 10-N

Afrontamos en pocos días una nueva y cansina, para muchos ciudadanos, cita con las urnas, ante la incapacidad de nuestros ‘lideres’ políticos para ponerse de acuerdo en los meses precedentes. Ya está todo escrito sobre esto y no merece más la pena abundar en ello, pero sí la merece el profundizar brevemente en algunas diferencias, si las hay, en su estilo de liderazgo que sobre todo vienen condicionadas por la evolución, en algunos casos a peor, de la situación política en España desde el pasado mes de abril.

Pedro Sánchez: ‘el líder con suerte y olfato’

El presidente en funciones y candidato socialista es un líder que viene aureolado por el éxito. También por lo que en la política española tradicionalmente se ha llamado ‘baraka’. Un término ‘árabe’ que ya se aplicó en su día a Felipe González y que, sin ánimo de comparar a ambos personajes, viene a significar suerte; simple y llanamente. Sánchez ha triunfado en primarias, ha ganado elecciones, ha salido victorioso en una moción de censura.

Le acompaña además otra fortaleza indiscutible: él es el presidente. Y ello, pese a quien pese, hace partir siempre con algunos metros de ventaja porque permite utilizar todos los mecanismos de los que dota el poder para ahormar la campaña a su favor.

Su principal defecto de liderazgo es una comunicación no verbal que sigue sin controlar de forma satisfactoria. Ya adoleció de ello el pasado mes de abril y vuelve a pecar de lo mismo, como se vio en el debate del pasado 4 de noviembre; un gesto en ocasiones arrogante y autosuficiente que le lleva a no mirar a sus oponentes y que, por extensión, le conduce en los actos públicos o mítines de campaña que protagoniza a una excesiva suficiencia respecto a otras formaciones. Algo que puede volverse fácilmente contra el líder, sobre todo si a pesar de su corta estancia en el poder tiene ya problemas tan graves como el planteado en Cataluña o unos datos económicos adversos que anticipan la posible recesión que puede estar por llegar y que el resto de los candidatos están utilizando como arma contra él.

Pablo Casado: cada vez más maduro políticamente y ‘hombre de Estado’

Pablo Casado es, tal vez, el líder de los cinco que ha experimentado cambios más substanciales en su estilo. Una modulación evidente de su comunicación que en abril fue demasiado dura a mi entender y le costó un mal resultado electoral -con aquellos 66 escaños, suelo histórico del PP- y que ahora, en noviembre, es contundente pero más amable y trufada de un gran sentido de Estado. Un tono que es justo el que busca el elector. Los dirigentes del PP lo saben y por ello no paran de apelar al ‘voto útil’ y trabajar en ayudar a Casado a limar esas aristas que pudieron ahuyentar a muchos electores hace seis meses.

Entre sus áreas de mejora sigue estando el poder alcanzar una mayor capacidad de emocionar a sus votantes -y sobre todo a los que no lo son aún- aunque debo subrayar que Casado es una auténtica ‘esponja’ y aprende rápido. También en este aspecto. Tal vez el estar dotado de una extraordinaria memoria tenga algo que ver en ello.

Albert Rivera: un líder que emociona

Albert Rivera sigue conservando intactas las cualidades de liderazgo que le llevaron al éxito de conseguir 57 escaños el pasado 28 de abril, aunque no alcanzara por poco el ‘sorpasso’ al PP en aquella ocasión. Su oratoria, su capacidad de emocionar y de proyectar éxito son, indiscutiblemente, sus puntos fuertes.

Pero hay que añadir algo más; Rivera, al igual que se suele crecer en los finales de los debates, como ha demostrado muchas veces, se crece también en los últimos compases de las campañas. Así lo demostró en la última y así lo está demostrando, sin duda, en esta de noviembre. Los sondeos no dejan lugar a dudas. Si a finales de octubre todos daban al político catalán por amortizado, se ha experimentado ya un claro ‘suelo’ en esas aciagas previsiones y una remontada evidente, que ya se verá hasta dónde llega. La situación en Cataluña y su firmeza ante ella, sobre todo su firmeza en la crítica a lo que él considera pasividad por parte del gobierno central, están jugando en su favor. Por ello, aunque las encuestas siguen pronosticando para él una pérdida, esta es menor que hace algunas semanas.

Como hándicap más claro que puede erosionar sus perspectivas y su liderazgo, hay que anotar un cierto desgaste de su partido, que se anotará indudablemente en su ‘debe’, por ser Ciudadanos una formación fuertemente presidencialista. Es la sobra de los ‘hiperliderazgos’; cuando las cosas van bien todo son luces, pero cuando ‘llegan las curvas’ todos, especialmente en esos momentos, miran a la cabeza.

Pablo Iglesias: enorme comunicador y competidor

El líder de Podemos, al que conocemos bien, sigue siendo un gran competidor, un gran comunicador con capacidad de hacer vibrar a su gente y a pesar de lo que ha sucedido en los últimos meses, sigue siendo percibido como un referente político muy auténtico. De ahí que los distintos sondeos hayan pasado de ver casi en el ‘sótano electoral’ las previsiones de Podemos a devolverles los treinta y tantos escaños como posible objetivo frente a los cuarenta y dos que tienen en la actualidad. Personalmente creo que la formación ‘morada’ no sufrirá cambios significativos, amortizado como parece el temor al nuevo movimiento de Íñigo Errejón que se habría desinflado claramente, aunque hasta el final nadie es dichoso, como dice un conocido refrán castellano.

Hay que subrayar que Iglesias partía ya, salvando esa ‘anomalía’ para Podemos que supuso el anuncio de la concurrencia de ‘Más País’, con mejores cartas que en abril. En la anterior campaña, su liderazgo sí que estaba fuertemente amenazado por las batallas internas en Podemos y ni siquiera se habían apagado del todo los rescoldos del fuego de la polémica por el ‘affaire Galapagar’.

Santiago Abascal: eficaz para los suyos, aunque sobreactuado

En el perfil, el carácter y la estrategia de Santiago Abascal están influyendo clara y positivamente en esta última campaña dos aspectos: la situación en Cataluña y la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco.

Abascal tiene además a su favor presentarse como el mayor exponente y el mejor defensor de la idea de España, envuelto en la bandera y patrimonializando ese concepto de patria que no debería pertenecer a ninguna sigla en concreto pero que, por torpeza ajena o habilidad propia, es indudable que le añade viento de cola en esta última carrera electoral.

Sus debilidades siguen siendo las mismas que en abril. Entonces, sus fobias y sus planteamientos, propios de otro siglo, en relación con muchas cuestiones sociales como su posición demonizando al colectivo LGTBi o respecto a la lucha contra la violencia de género. Abascal adolece además de una gran sobreactuación. Un defecto nada desdeñable porque que le resta naturalidad, aunque es cierto que, entre su público, a tenor de las últimas encuestas, parece ser un tono que en apariencia funciona. No es esta una actuación que yo recomiende nunca en comunicación política y, en cualquier caso, hasta que no se conozcan los resultados en la noche del día 10 yo no lo tendría tan claro.

Iñigo Errejón: presencia inesperada y sorprendente

Iñigo Errejón su flamante nueva formación Más País son la sorpresa de esta nueva cita electoral. Todos conocemos las capacidades oratorias de este líder. No podemos hacer una comparativa, pero si comentar que los últimos compases de esta brevísima campaña electoral nos enseñan un líder con menos empuje de lo esperado y de lo que vimos cuando presentó esta nueva formación. Probablemente la resistencia de Unidas Podemos en las encuestas ha frenado entusiasmos iniciales y excesivos.

El 10 de Noviembre está muy cerca y veremos si estos cambios de liderazgo traerán a los candidatos los resultados esperados.

 

Fuente: Expansión, 7 Noviembre. Euprepio Padula, Experto en Liderazgo

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