Talento y Sociedad Civil. (profesor Santiago Álvarez de Mon)
20 Jun . 2020
5 mins
- La cumbre empresarial convocada por el presidente de CEOE, Antonio Garamendi, me parece, per se, una buena noticia.
Independientemente de la complejidad y sentido de la oportunidad de algunos de los mensajes expresados –la importancia de la seguridad jurídica como criterio decisivo ala hora de tomar decisiones, la “obviedad” de que no se puede erradicar la pobreza, combatir la injusticia social, nobles ideales, si no se genera riqueza, si no se crean puestos de trabajo, la necesidad de ser más ágiles, flexibles y competitivos, la prudencia de mantener medidas del pasado que se han revelado útiles para gestionar otras crisis…–, el mero hecho de que personas de ese conocimiento y experiencia participen en un diálogo multidisciplinar y abierto, es aleccionador.
En esa misma línea, ya hace unas semanas que una iniciativa similar del alcalde de Madrid llamó mi atención. Convocó para sacar a la capital de la crisis al ritmo más rápido y seguro que se pueda a una comisión de expertos independientes.
Viendo los curriculum y la trayectoria profesional de los allí congregados, es evidente que los dos términos utilizados se ajustan a la realidad. Medidas de ese calado también se han visto en Italia. El primer ministro designó como presidente del Comité de Asuntos Económicos y Sociales a Vittorio Colao, ex CEO mundial de Vodafone, directivo de reconocido y contrastado prestigio. Reto: la reconstrucción urgente del gran país transalpino.
Ejemplo parecido, sin que se le haya dado mucha publicidad, es el del primer ministro griego. Desde los primeros momentos de la pandemia se significó por convocar a empresarios y directivos cualificados del país para que arrimaran conjuntamente el hombro.
A las pruebas me remito, no parece que Grecia haya salido mal parada. Es uno de los países que mejor ha encarado una pandemia que en otros países –lo de Brasil y su presidente clama al cielo– alcanza tintes dramáticos.
¿Por qué celebro tanto un encuentro que debiera ser más cotidiano y normal? Por dos motivos fundamentalmente.
El primero, mi confianza inquebrantable en el talento y competencia de los mejores.
Probablemente sea mi condición de profesor privilegiado y afortunado en una escuela de negocios, pero estar rodeado de gente lista y preparada, que de ese negocio, de esa industria en particular, saben más que tú, es una experiencia desafiante, te saca de tu zona de confort y te obliga a crecer. Si eres o te crees el más listo de una reunión, tienes un problema grave pese a que tu ego estúpido y superficial se venga arriba.
Liderazgo e inteligencia se tienen que llevar bien, y cuando aquel recela de ésta, desconfía de la excelencia, cuando le abruma sus preguntas y solvencia, degenera en un ejercicio narcisista y a la defensiva del poder. De la desconfianza al miedo, y de éste al dogmatismo estéril.
En cualquier actividad humana, la palabra precisa y oportuna, arropada por el esfuerzo y el estudio, inspirada en el saber y en la experiencia, se transforma en un instrumento de diálogo y aprendizaje. Cuando el talento se retira, ignorancia y locuacidad suelen ir de la mano. Por ejemplo, en la crisis del coronavirus la comunidad científica, los profesionales de la Sanidad, tendrían que haber tenido más protagonismo en detrimento de los más temerarios.
Reacción esperanzadora
El segundo motivo para la esperanza es que percibo que la llamada sociedad civil puede estar cansada, distraída, anémica, incluso asustada, pero que no está muerta. Sinceramente, salvo honrosas excepciones, hace tiempo que dejé de pensar que el cambio vendrá de la clase política.
Crecientemente endogámica, cainita, sometida a curiosos y partidistas criterios de evaluación, irresponsable y demagógica en la gestión de la tragedia, sólo reaccionará si percibe una crítica sostenida, profunda, justa, rigurosa, por parte de una ciudadanía despierta y atenta a sus excesos.
Montesquieu gozará de buena salud si el Poder Judicial cuadra ante el Legislativo y el Ejecutivo desde su independencia. Nuestros hijos tendrán la educación que el futuro va a requerir si los padres y la comunidad académica unen fuerzas. Si no, el adoctrinamiento ideológico los rebajará a la condición de rebaño. Los medios de comunicación dejarán de prestar un papel esencial a la democracia si en sus coqueteos con el poder acaban los dos en la misma alcoba. Un periódico, radio o televisión, en quiebra, necesitado de inyección pública, mal asunto.
Y así sucesivamente, o espabilamos todos y hacemos cada uno lo que nuestra conciencia nos dicte, y bienvenida sea la discrepancia, el debate, o de ésta saldremos tarde y empobrecidos, económica, política y espiritualmente.
Una pena, habremos perdido una oportunidad de oro para mostrar nuestra mejor versión como sociedad.
Fuente: Expansión, 19 de Junio. Santiago Álvarez de Mon. Profesor en IESE
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