Condena a la ruina de hostelería y ocio: 3 escenarios


24 Abr . 2020

8 mins

HORECA

Condena a la ruina de hostelería y ocio: 3 escenarios

Vamos camino del mes y medio de encierro, que llegará, al menos, a dos meses –pese a la gracia con la que nos obsequia el presidente Sánchez de devolvernos nuestros derechos y libertades a plazos y con advertencia de reversión de las mismas de nuevo– y el Gobierno no termina de darse cuenta de la gravedad de la situación, y en caso de que se diese cuenta, todavía sería peor. El Ejecutivo se mueve entre la inconsciencia y la irresponsabilidad y sigue sin actuar de manera firme, ni en el aspecto relativo a la sanidad ni en el relativo a la economía –no sé si este artículo será susceptible de formar parte del trabajo del grupo de la Guardia Civil para “minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”, como dijo el General Santiago en la rueda de prensa del domingo, pero lo que no se puede minimizar es la denuncia de la gestión completamente equivocada que está haciendo el Ejecutivo en la doble crisis (sanitaria y económica)–.

La economía tiene que reabrirse. Por supuesto que no se puede contraponer sanidad y economía, porque es que sin economía no habrá sanidad; no habrá ni sanidad ni nada si nos empobrecemos a los niveles que pronostican diversas instituciones sin una salida rápida. Que vamos a caer con fuerza en 2020 es un hecho, pero todavía tiene remedio la salida de este agujero en el que ha cavado profundo la ineptitud del Gobierno por no tomar medidas preventivas a tiempo, cerrando en enero fronteras para viajeros procedentes de China, hacer test ya entonces para minimizar contagios y controlar el virus y proteger a los grupos de riesgo. Cuántas muertes y cuánta ruina se podrían haber evitado.

Esa salida podrá ser más rápida y potente si el Gobierno cumple con su obligación y en lugar de sermonear a los españoles cada día, con el mitin estelar del presidente cada fin de semana, nos dota de los medios para poder saber quién está contagiado, para que pueda cumplir la cuarentena sin contagiar a nadie y recibir tratamiento si lo precisa, y poder poner al resto de españoles no infectados a trabajar. De nada sirve el encierro –en el que, según muchos juristas, no es una libertad con restricciones, sino una suspensión de la libertad con excepciones, propia del estado de excepción o de sitio, pero no del de alarma– si no se realizan los test. Tampoco provee de liquidez ilimitada a las empresas para que el tejido productivo no muera, sino que concede las líneas de avales con cuentagotas y a ritmo lento, con toda la burocracia del mundo, inasumible en una situación de emergencia, mientras se niega a condonar los impuestos y cuotas a la Seguridad Social de este tiempo de restricciones para que autónomos y empresas pudiesen estar más desahogados.

Gobierno superado

El Gobierno no tiene política al respecto, no sabe qué hacer, está superado por la situación, por mucho que lo supla con la propaganda, con las preguntas del CIS y con la utilización del miedo de una gran parte de la población, que, ante el pánico al virus, está cediendo cuotas de libertad de manera arriesgada. Al igual que para un ciclista en El Tour cuesta mucho sacar veinte segundos a un rival pero muy poco perder cinco minutos en un mal momento, la libertad cuesta mucho ganarla, pero, ojo, podría perderse muy rápidamente si alguien tratase de aprovechar la coyuntura para ir imponiendo un programa basado en el subsidio, el adoctrinamiento y la censura a base de la destrucción de nuestra capacidad económica. No digo que eso esté pasando en España, pero sí que digo que en Venezuela no pasaba hace años y sus ciudadanos pensaban que nunca pasaría. Ojalá no tengamos que lamentar nada similar nunca, me niego a creer que eso puede pasar en nuestro país, pero tengamos siempre en mente esos ejemplos horribles como vacuna frente al virus del comunismo y el totalitarismo para que nunca pueda suceder aquí.

En esa política desnortada, donde cada día prolongado sin hacer test y con el cierre productivo vigente la economía se resiente cada vez más, seguimos incorporando elementos distorsionadores que hundirán más la economía y lastrarán la recuperación. Eso es lo que conseguirá, de confirmarse, la última ocurrencia de la ministra de Trabajo, al declarar que el ocio, la hostelería y el turismo no abrirán hasta diciembre. Eso hundirá no sólo la economía española, cuya dependencia del turismo y la hostelería es elevada, sino que para las actividades de ocio, de restaurantes, bares y cafeterías, hoteles y turismo en general, incluidas muchas actividades comerciales, puede resultar letal.

El empleo turístico

EXPANSIÓN detallaba recientemente un estudio de Exceltur en el que estima que sólo el sector turístico puede perder hasta 124.000 millones de euros de su actividad, con un impacto muy negativo en los 2,4 millones de empleos que genera el sector si se cumple lo anunciado por el Gobierno. Y a ello hay que añadirle toda la parte indirecta de hostelería, ocio y comercio, además de la directa de estas tres últimas ramas de actividad, que no podrán soportar un cierre de ocho meses.

Así, volvemos a enfrentarnos a diversos escenarios. El Banco de España ha publicado que el PIB puede caer entre un 6,6% y un 8,7% suponiendo una duración del encierro de ocho semanas y que la reactivación económica se produzca de inmediato o en el cuarto trimestre, respectivamente. Ahora bien, si esa reactivación no se produce hasta diciembre en el sector del turismo y la hostelería, eso puede hacer caer la economía un 13,6%, según el otrora banco emisor.

Esta estimación, así como la de Exceltur, están en línea con el consenso de analistas y con las que aquí hemos publicado en la serie de artículos dedicados al impacto del coronavirus en la economía. Es más, esa estimación, en el caso de que turismo, ocio y hostelería no se abriesen hasta diciembre provocaría una caída aún mayor, de hasta el 17,67%, por su impacto indirecto en el comercio y en el resto de sectores.

Así, podemos partir del mejor escenario actual –cambian a diario por los vaivenes del Gobierno–, que sería esa reapertura casi total a mediados de mayo, pero con restricciones de aforo en la hostelería durante un trimestre, que mermaría la rentabilidad de los establecimientos y una limitación del turismo internacional. Esto haría que el impacto global en el PIB fuese de una caída del 7,98%. La pérdida de PIB en los sectores de hostelería, turismo, ocio y comercio sería de 56.039 millones (4,7 puntos sobre el PIB total nacional) y 1,4 millones de empleos perdidos en dichos sectores, que llegarían a 2,6 millones en el total de la economía española. Así, no obstante, habría esperanzas para una recuperación más rápida.

Escenario intermedio

Un escenario intermedio nos llevaría a que se perdiese el verano para la hostelería y el turismo, manteniéndolos cerrados hasta septiembre. Sería un escenario muy dañino tanto para toda la economía como para dichos sectores, poniendo en riesgo su recuperación. Esto haría que el impacto global en el PIB fuese de una caída del 12,16%. La pérdida de PIB en los sectores de hostelería, turismo, ocio y comercio sería de 101.890 millones (8,5 puntos sobre el PIB total nacional) y 2,5 millones de empleos perdidos en dichos sectores, que llegarían a 3,8 millones en el total de la economía española. La recuperación nacional sería lenta e incierta.

Por último, el escenario más grave, casi inimaginable, pero factible si se cumplen los planes de la ministra de Trabajo, supondría condenar al sector de turismo y hostelería al cierre y a la ruina al demorar su reapertura a diciembre. Esto haría que el impacto global en el PIB fuese de una caída del 17,67%. La pérdida de PIB en los sectores de hostelería, turismo, ocio y comercio sería de 146.466 millones (12,18 puntos sobre el PIB total nacional) y 3,6 millones de empleos perdidos en dichos sectores, que llegarían a 5,6 millones en el total de la economía española. La recuperación nacional tendría un horizonte muy lejano, desde un profundo empobrecimiento actual. Esto es inasumible.

Eso no se soluciona con subsidios, en primer lugar, porque no hay de dónde sacar el dinero para tanta prestación si eso sucede, y, en segundo lugar, porque la estructura económica de España no resiste un ciclón de estas características. El Gobierno debe hacer test masivos cuanto antes y reabrir la economía. Condenar hasta diciembre al cierre a la hostelería, el ocio, el turismo y, en gran parte, al comercio, es condenarlos a la ruina y, con ello, también a todos los españoles.

Profesor de la UFV

Fuente: Expansión

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