LUCHA ENTRE LOS FONDOS POR LOS SUPERMERCADOS BRITÁNICOS


28 Ago . 2021

6 mins

DISTRIBUCIÓN

Las buenas perspectivas de negocio, la liquidez del mercado y la configuración del sector en el país agitan el interés de los inversores.

Supermercado Sainsbury. 

Los rumores desatados el pasado fin de semana de que el fondo estadounidense Apollo, uno de los gigantes mundiales del capital riesgo, podría lanzar una oferta para hacerse con la cadena Sainsbury’s, la segunda de Reino Unido por cuota de mercado, han reafirmado el interés de los inversores por el mercado británico de la distribución. Hace apenas unos meses Walmart traspasó el control de Asda, el tercer grupo del país, a los millonarios hermanos Issa y a TDR Capital por 7.500 millones de euros, y en la actualidad hay una puja abierta por Morrisons, el cuarto grupo, que ha involucrado a diferentes inversores. El fondo estadounidense CD&R ha recibido el visto bueno de la compañía a una oferta de unos 7.000 millones de libras (8.170 millones de euros), aunque Fortress, otro de los candidatos, no ha tirado aún la toalla. Su posible socio para hacerse con Morrisons sería la propio Apollo, que estaría activando la opción Sainsbury’s si CD&R se impone en esta puja.

La batalla de fondos abierta puede desembocar en tres operaciones por un total de cerca de 25.000 millones de euros y en una absoluta reconfiguración de la distribución británica. Sainsbury’s, Asda y Morrisons suman 82.000 millones de euros en ventas y representan cerca del 40% del mercado de la alimentación del país. Todo ese negocio podría cambiar de manos en apenas unos meses. Pero, ¿por qué hay tanto interés?

El momento ideal

El contexto en el que se producen estas operaciones es una de las principales razones. Frente a la crisis que la pandemia ha provocado en numerosos sectores, como el turismo o la hostelería, la distribución se ha beneficiado del alza del consumo dentro del hogar, lo que ha provocado que los supermercados hayan logrado, en general, un notable crecimiento en el último año. Su perspectiva futura no es tampoco mala, ya que se trata de un sector resiliente a las crisis -en lo último que se recorta es en comer- y que, al menos a corto plazo, seguirá beneficiándose de la depresión de la restauración y del miedo de muchas personas a consumir fuera del hogar.

A estos vientos de cola se suman otros puramente financieros. La liquidez que hay en el mercado y el acceso a una financiación muy barata provocan un apetito inversor que en un contexto como el actual puede aceptar rentabilidades más moderadas como las que ofrece la distribución a cambio de minimizar el riesgo apostando por un sector más seguro. Desde este punto de vista, se trata de un buen momento tanto para vender -las buenas cifras cosechadas en 2020 pueden empujar al alza las valoraciones- como para comprar -las perspectivas siguen siendo buenas y la distribución es un valor defensivo frente a los últimos coletazos de la pandemia-.

Esta realidad ha acelerado las adquisiciones en varios mercados, incluido España, donde en apenas unos meses se han multiplicado las operaciones. Carrefour ha comprado Supersol; la suiza Coop se ha hecho con GMFood; la checa EP Corporate Group ha adquirido el 50% de Caprabo; José Elías ha tomado el control de La Sirena; y El Corte Inglés ha absorbido Sánchez Romero.

No obstante, el tamaño de estas operaciones y el perfil de las mismas -mucho más industrial- dista de la batalla que se está librando en Reino Unido. La razón tiene que ver con la configuración del mercado británico.

Y el mercado perfecto

Reino Unido es el segundo país más poblado de Europa occidental, sólo superado por Alemania, lo que se traduce en un enorme mercado en el que la alimentación mueve más de 245.000 millones de euros al año. Pero la propiedad de los grupos hace mucho más sencillas las operaciones en Reino Unido que en Alemania. Edeka, el líder del sector en el país germano, y Rewe tienen una estructura de cooperativa, mientras que Lidl y Aldi son dos gigantes que plantearían operaciones difíciles de asumir y de prosperar. En cambio, Tesco -sobre la que no ha habido movimientos-, pero también Sainsbury’s y Morrisons son empresas cotizadas con inversores con un perfil financiero. Los principales accionistas de Sainsbury’s son Qatar, con un 15%, y Daniel Kretinsky, el millonario checo que se ha hecho con el 50% de Caprabo a través de EP, con un 10%; mientras que en el accionariado de Morrisons sobresalen Schroeder y Vaguard y en el de Tesco aparecen BlackRock y Fidelity en las primeras posiciones.

El caso de Asda era distinto, ya que pertenecía a Walmart, aunque su interés por dejar el mercado tras fracasar la fusión con Sainsbury’s -la bloqueó el regulador británico- y los beneficios obtenidos en la operación -antes de cerrarla recibió un dividendo de 1.520 millones de dólares- allanaron el camino.

La forma en la que está repartido el mercado también es clave. Tesco es el líder absoluto, con un 27% de cuota, pero Sainsbury’s (15,2%), Asda (14,2%) y Morrisons (10%) -según datos de Kantar- tienen unas fuertes posiciones. Reino Unido es además un país muy concentrado, con poco peso del comercio tradicional, sin enseñas regionales de relieve y con un comercio online de alimentación muy desarrollado.

Tener a tiro a tres de las cuatro grandes piezas de un mercado tan interesante no es habitual y ha potenciado el interés. No ocurre en Alemania, pero tampoco en Francia ni en España. Con Mercadona como gran líder, y ajeno a operaciones corporativas, gigantes internacionales como Carrefour, Lidl y Auchan, y un grupo cooperativo como Eroski copan las primeras plazas. De hecho, la única empresa líder a tiro de compra era hasta hace poco Dia, pero ya ha caído en manos de Mikhail Fridman.

Fuente: Expansión, Autor: Victor M. Osorio, 25 de agosto

 

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